jue
1a. Ordinario año impar (Id=74)
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Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de
todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
In excélso throno vidi sedére virum, quem
adórat multitúdo Angelórum, psalléntes in unum: Ecce cuius impérii nomen est in
aetérnum.
Oremos:
Nos acogemos, Señor, a tu providencia que nunca se equivoca; y te pedimos
humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda
contribuir a nuestro bien.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Anímense mutuamente mientras dura este "hoy"
Lectura de la carta a los Hebreos
3, 7-14
Hermanos: Oigamos lo que dice el Espíritu Santo en un salmo:
Si escuchan hoy la voz de Dios, no endurezcan sus corazones como sucedió en el
lugar de la rebelión el día de la prueba en el desierto, cuando sus antepasados
me pusieron a prueba después de haber visto mis obras durante cuarenta años.
Por eso me irrité contra aquella generación y dije: Su corazón anda siempre
extraviado; jamás han conocido mis caminos. Por eso juré enojado: ¡No entrarán
en mi descanso!
Tengan cuidado, hermanos, que no se encuentre en alguno de ustedes un corazón
malo e
incrédulo que lo aleje del Dios vivo. Al contrario, exhórtense mutuamente cada
día mientras dure este hoy, para que ninguno de ustedes se endurezca por la
seducción del pecado. Porque participamos de la muerte de Cristo, siempre y
cuando mantengamos firme hasta el final la confianza del principio.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 94, 6-7.8-9.10-11
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem Dómini audiátis: «Nolíte
obduráre corda vestra».
Entremos, postrémonos para adorarlo, arrodillémonos ante el
Señor, que nos ha hecho. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, ovejas
que él apacienta.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem Dómini audiátis: «Nolíte
obduráre corda vestra».
¡Ojalá escuchen su voz!: "No endurezcan su corazón como
en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando me tentaron sus
antepasados y me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem Dómini audiátis: «Nolíte
obduráre corda vestra».
Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y
dije: "Son un pueblo de corazón rebelde, que no conoce mis caminos".
Por eso juré indignado: "¡Jamás entrarán en mi descanso!"
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem Dómini audiátis: «Nolíte
obduráre corda vestra».
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, Aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba toda clase de enfermedades en
el pueblo.
Praedicábat Iesus Evangélium regni, et
sanábat omnem infirmitátem in pópulo.
Aleluya.
Le quitó la lepra y quedó limpio
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1, 40-45
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso y le suplicó
de rodillas:
"Si quieres, puedes limpiarme".
Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo:
"¡Sí quiero, queda limpio!"
Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad:
"No se lo digas a nadie; pero para que conste, preséntate al sacerdote y
ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés".
El, sin embargo, tan pronto como se fue, comenzó a divulgar entusiasmado lo
ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad;
tenía que quedarse fuera, en lugares solitarios, y aún así seguían acudiendo a
él de todas partes.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Que
tu auxilio, Señor, nos acompañe siempre a los que alimentas con tus
sacramentos, para que por ellos y en nuestra propia vida recibamos los frutos
de
Por Jesucristo
Amén.
La gloria de Dios es el hombre viviente
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú eres el Dios vivo y verdadero; el universo está lleno de tu presencia, pero
sobre todo has dejado la huella de tu gloria en el hombre, creado a tu imagen.
Tú lo llamas a cooperar con el trabajo cotidiano en el proyecto de la creación,
y le das tu Espíritu para que sea artífice de justicia y de paz, en Cristo, el
hombre nuevo.
Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos, cantamos con alegría el himno de tu
alabanza:
[Misa]
Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el
oído y escucha mis palabras.
Dómine, apud te est fons vitae, et in lúmine
tuo vidébimus lumen.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Padre Santo y todopoderoso, que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de
tu Hijo, guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras,
sino con toda nuestra vida, podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos
entrar al Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.